AVENTURAS
DE UN GRINGO EN MÉXICO LINDO: SECRETOS DE LOS ANCIANOS
Por
Daniel August
No
sé la razon porque quise ir a México por primera vez.
Tal vez fue porque cuando yo era joven, mi padrastro me llevó
a un restaurante mexicano en Nueva York y allí tomé mi
primera cerveza Carta Blanca. Tal vez tuvo que ver con haber visto la
película El Tesoro de la Sierra Madre (del escritor gringo B.
Traven) que ví hace mucho anos, con su mensage de cuidar la tierra
y el daño que provoca la codicia, y sus imágenes hermosos
en negro y blanco del desierto mexicano. O tal vez fue que México
me abrió un “portal místico.” De todos modos,
a lo largo de los años, hice varios viajes a muchos partes de
la tierra mexicana. Y por eso, ya no soy la misma persona, sino una
persona mucho más consciente e iluminada.
Desde el principio me encantó la gente, la tierra, y la cultura
de México. Inmediatemente me di cuenta que México era
una tierra de raíces profundas y llena de sabiaduría antigua.
Lo primero que me impactó despues de cruzar la frontera fue un
sensación de ausencia del tiempo. Se me hizo que la gente no
tenía ninguna prisa, que todo el mundo estaba totalmente presente
en el momento. Pronto descubrí lo que nosotros aquí en
los EEUU llamamos “mañana time” o “indian time”
(‘tiempo de mañana’ o ‘tiempo de los indios’).
Tambien parecía que la gente no se interesaba por el dinero ni
el poder, sino en disfrutar de la vida, a pesar de su nivel de pobreza
material. Era otra realidad, una mas suave. Una realidad que adopté
en mi vida, una que me ha bien servido desde entonces.
Viví un rato en la ciudad de México, con una novia mexicana.
Ella me enseñó hablar español y mucho más.
Me era muy impresionante el hecho de que allí la mitad de las
calles y lugares llevaban nombres nahuatl, la lengua de los aztecas,
los cuales sonaban como música para mis oídos. Por ejemplo,
Xochimilco (lugar de las flores), Chapultepéc (lugar de las capulinas),
y Teotihuacán (valle de los dioses).
Hoy en día, por todos de los EEUU se oye la palabra “sustainability”
(vivir de un manera sostenible). Entre los indios a lo largo y ancho
de México existe la clave de lo quiere decir esa palabra. Porque
desde hace dos millones de años, el indígena han vivido
en armonía con nuestra madre, la tierra. Y como va el dicho,
“si no esta roto, pues no se arregla.”
Con el propósito de aprender estos conocimientos antiguos, viví,
estudié y trabajé con artesanos, curanderos y otras personas
sintonizadas con la tierra.
En Oaxaca, por ejemplo, apprendí como tejer al estilo antiguo
llamado telar de cintura, en un pueblito zapoteca de la alta montaña.
Como muchos conocimientos antiguos, esa artesanía ya se está
perdiendo poco a poco, a debido de la oleada de technología que
sigue erosionando la cultura indígena. En un pueblo de tejedores,
solo había un viejo, quien fue mi maestro, que todavía
recordaba como hacerlo. También en ese pueblito, se estaba muriendo
la lengua zapoteca, porque en vez de ella, los jóvenes quierían
hablar castellano. En términos de la sobrevivencia de una cultura,
la pérdida de estas cosas representan una situación peligrosa.
Porque entre estos conocimientos laten los secretos que nos servirán
para sobrevivir de aqui en adelante dado la invasión de technología,
contaminación, y maltratos del planeta a causa del aumento exponenciál
de la población humana.
La variedad amplísima salubre de la comida tradicional mexicana
refleja las raíces profundas que tiene la gente. En la ciudad
de México, por ejemplo, me gustaba comprar de los vendedores
de esquina quesadillas con huitlacoche, un hongo que crece en los elotes
del maíz, cual sabe riquísimo. En el pueblo zapoteco en
donde aprendí tejer, todos los días comía ensalada
de nopalitos (cactus “prickly pear”) que compraba en el
tianguis (mercado indio). Este cactus delicioso limpia los intestinos
mientras estabiliza el nivel de azúcar en la sangre. También,
me encantaba las capulinas fritas que también se venden allí.
Eso no es decir que nosotros debemos comer insectos; sino que esta frugalidad
representa una manera de cosechar los recursos naturales de la tierra
de una manera responsible, sabia, y sostenible. Así actuaron
nuestros antepasados desede que comenzaron a ser séres humanos.
Ví que las artes en México juegan un papel elevado. Las
imágenes en los murales de Diego Rivera y las pinturas de Frida
Kahlo, por ejemplo, se animaban. Entre otros temas, estas pinturas cuentan
de la lucha de la gente y la solidaridad entre ellos. De su parte, los
indios huicholes, una tribu indigena de México, crean pinturas
que contienen mensages igualmente potentes. No viene de sorpresa ya
que son pintadas bajo la guía de un sacramento, un cactus alucinógeno
peyote, que regala “visiones”.
En México, y también aquí en Arizona del sur, hay
una tradición viejísima que a veces se conoce como “brujería.”
Estos brujos, o mas bien chámanes, practican el arte de curar
al otro y de acumular poder personal espiritual. Hay muchos linages
entre ellos, tal como el toltec, quienes nacieron en el pueblo de Tula
en el estado de Hidalgo hace muchos años. Allá se construyeron
estátuas grandes y rarísimas. Esta práctica de
los toltec nos ofrece una tradición espirtuál a través
de los libros de Carlos Castaneda, quien fue aprendíz de un brujo
yaqui, otra tribu indígena de México. De acuerdo con este
linaje antiguo don Juan, y eventualmente Castaneda mismo se hicieron
“personas de conocimiento.” Mucha gente cree que don Juan
y sus enseñanzas fueron inventadas por Castaneda. Pero ni modo.
A pesar de eso, Castaneda le ha ayudado a miles de personas a vivir
una realidad más sana. Hablando de su tierra, dijo don Juan “—En
este desierto sonorense existe una confluencia única de poder.
Por eso, es un lugar de muchos brujos y brujas poderosos—.”
Despues de vivir en el mismo desierto muchos años, por fin yo
mismo estoy resonando con esa energía universal de una manera
auténtica. Claro que estas enseñazas pueden benificiar
a todos hoy en día, cuando la vida humana está en peligro
de extincción. Pueden guiarnos de como llevarnos los unos con
los otros en paz, a pesar de nuestras diferencias, y tratar como iguales
a las plantas y los animales y cuidar mejor al mundo natural.
Aquí en Arizona del Sur vivimos en el mismo desierto que se adentra
al interior de México. Así que usamos muchas de las mismas
plantas como medicina, compartimos el inglés, el español
y las palabras de lenguas indígenas, y muchas otras cosas que
se usan del “otro lado.” Aquí hay indios quienes
no reconocen la línea invisible entre las dos repúblicas,
como los yaquis y los tohono o’odham. Aquí hay latinos,
indios, gringos, y muchos otros más. Aquí, por la mayór
parte, se respeta la diversidad de culturas y aprenden los unos de los
otros.
Como cuentista, escritor, hierbalista, artista visual, músico
y maestro, me han influído muchas del las tradiciones mexicanas
y han informado mi trabajo ahora de una manera profunda. Es decir, en
mayor parte, gracias a mi tiempo en México y en el desierto sonorense
en Arizona del sur, aprendí los secretos de los ancianos, como
percibir el mundo de una manera más saludable, más tranquila.
Consecuentemente me es posible ofrecer una profundidad de conocimiento
mayor al común relativamente joven y superficial aquí
en los Estados Unidos.
Así es que podemos hacer una mezcla de las culturas varias y
crear otra nueva, que pueda resultar en mejores modos de sobrevivir
en un futuro dudoso.
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Daniel August dirige el programa de artes nativos y chamánicos
en la Villa Terresante, cerca de Tucson, Arizona. Su website es: http://sites.google.com/site/controlledfollyproductions/